El espacio Antonio Mercero se convirtió, la tarde del viernes 21, en una ventana abierta a la aventura con la proyección del diaporama Sumendien Etorbidea y posterior coloquio con los protagonistas.
Una odisea en la que cuatro mendizales desafiaron las cumbres de fuego y las selvas profundas de Ecuador durante 20 días, en un viaje donde la montaña dictó las reglas y la naturaleza marcó el pulso.
Fernanda Bravo, Jabi Gonzalo, Mari Karmen Astigarraga y Joxan Irazu, del club de montaña Euskalduna de Andoain, compartieron su experiencia con sencillez y cercanía, recordándonos que las grandes gestas no están reservadas a héroes legendarios, sino que también son forjadas por «personas normales, como cualquiera de vosotros», con determinación, respeto por la montaña y una infraestructura mínima.
Un viaje de contrastes y desafíos
A través de las imágenes y los relatos, nos sumergimos en un universo de contrastes extremos. De la blancura cegadora de los glaciares andinos al verde insondable de la Amazonía. De la pureza del aire en las alturas al peso sofocante de la humedad en la selva. Un Ecuador indómito y vibrante se desplegó ante los espectadores.
Nos hablaron de sus tradiciones, de sus rituales ancestrales, del respeto sagrado que sus gentes profesan a las montañas. De su mano, alcanzamos Quito, a 2.850 metros de altitud, y continuamos la ascensión hasta la cumbre del volcán Cayambe (▲ 5.790 m), la tercera montaña más alta del país, donde el frío y la inmensidad se funden en un espectáculo de hielo y viento.

Cuando la montaña impone su ley
Pero no todo es conquista. La montaña no se rinde fácilmente y, a veces, es ella quien dicta el desenlace. Nos impactaron la templanza y el sentido común con los que narraron su intento al Chimborazo (▲ 6.236 m), el punto más cercano al Sol desde la superficie terrestre. La avalancha latente les obligó a detenerse a escasos metros de la cima. «Alcanzar los 6.100 metros creo que está muy bien, ¿no? Por 40 metros no vamos a jugarnos la vida», dijo Jabi, con la serenidad de quien entiende que la montaña siempre estará allí, esperando a quien sepa escucharla.
Nos hablaron de la aclimatación, del peso invisible pero implacable de la altitud, de la importancia de un buen equipo y, sobre todo, del valor de la hermandad en la cordada. Porque en la montaña, más allá de la técnica, lo que realmente sostiene a un alpinista es la confianza en sus compañeros.

La selva, el otro abismo
Pero Ecuador no es solo cumbres nevadas. Tras los picos afilados y las altiplanicies, el viaje los llevó al corazón de la Amazonía, un mundo donde la vida bulle en mil formas distintas, donde la vegetación se despliega en un caos fascinante y cada sonido en la espesura parece esconder un secreto.
Relataron el asombro de sumergirse en un ecosistema tan vibrante como hostil, donde la lluvia es un latido constante, el aire pesa como una carga invisible y la naturaleza, exuberante y salvaje, se impone con la misma fuerza que las montañas.
Allí, en la inmensidad verde, aprendieron que la selva también tiene sus reglas, y que adentrarse en ella requiere la misma humildad que pisar un glaciar.

90 minutos en la cumbre de la emoción
Sin darnos cuenta, los 90 minutos de proyección transcurrieron como un vendaval de anécdotas, de miedos, certezas y silencios cargados de emoción. No solo fuimos testigos de su viaje, sino que por un instante lo vivimos con ellos.
Desde LOTME Kirol Kluba os agradecemos vuestra presencia en Lasarte-Oria y esperamos volver a compartir con vosotros la próxima gran aventura. Porque las montañas seguirán allí, desafiantes y majestuosas, esperando a quienes tengan el valor de soñar con ellas.